Tribuna LibreDetectan anomalías en gestión de Rosario Robles (no importa cuándo lean esto)

Enea Salgado1 mes ago637 min

Durante los seis años de la pasada Administración, y gracias a investigaciones periodísticas de medios independientes, uno de ellos el portal de noticias Animal Político y su multipremiado reportaje “La Estafa Maestra”, nos enteramos de los desvíos de recursos públicos ocurridos durante la gestión de Rosario Robles en la extinta Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), hoy Secretaría del Bienestar, y cuando estuvo al frente de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).

Los escandalosos desvíos millonarios, señalados en reportes de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), documentados en denuncias interpuestas por la misma ante la Procuraduría General de la República (PGR), nunca fueron motivo para que el expresidente Enrique Peña Nieto removiera de su cargo a Rosario Robles, ni la exsecretaria puso su renuncia sobre la mesa al verse exhibida como una funcionaria que “no veía” cómo los recursos públicos a su cargo eran desviados para otros fines, menos para lo que estaban destinados: los grupos más vulnerables de nuestro país.

¡Faltaba más! Si el presidente sale en tu defensa y te dice: “No te preocupes Rosario, hay que aguantar”, ¿por qué tendrías que dejar el cargo?

Si el jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de tu país, te blinda en cadena nacional, ante señalamientos de que los recursos asignados a la Secretaría -de la cual eres titular- para abatir la pobreza, la desnutrición y la marginación social, son usados con fines electorales, ¿por qué preocuparse de investigaciones, acusaciones y denuncias por el mal manejo del dinero público ocurrido durante tu gestión?

Basta con salir de vez en vez a dar la cara y decir: “Me acusan porque mi nombre vende”, o “mi nombre no aparece en ninguna investigación, no soy responsable de nada, a mí que me esculquen”.

Así navegó la secretaria favorita de Peña Nieto a lo largo de su sexenio, evadiendo la responsabilidad que conlleva su cargo, acusando ser presa de una campaña de linchamiento en medios, alegando ser víctima de violencia de género por ser señalada como una funcionaria corrupta y cómplice del saqueo a México.

Pero Rosario Robles, no solo fue defendida por su amigo Enrique; durante la campaña, el hoy presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, afirmó que la exsecretaria del Gobierno peñista era “un chivo expiatorio” y que “las acusaciones en medios de comunicación sobre desvíos millonarios ocurridos durante su gestión en Sedesol y Sedatu, eran un circo”.

Circo que, al parecer, dista mucho de la realidad: el 30 de enero pasado, el actual titular de la Sedatu, Román Meyer, informó que su Administración turnó a la Secretaría de la Función Pública (SFP), observaciones por el mal manejo de recursos públicos ocurridos cuando Rosario Robles estaba al frente de la dependencia. Aunque no precisó a cuánto asciende el monto de los recursos con irregularidades, Meyer aseveró, que las anomalías fueron halladas durante el periodo de entrega-recepción.

Una semana antes, el diario Reforma, difundió que la Fiscalía General de la República (FGR) presentó imputaciones ante jueces federales en contra de Enrique González Tiburcio, exsubsecretario de Ordenamiento Territorial de la Sedatu, y el exdirector de Programación y Presupuesto de dicha dependencia, Francisco Javier Báez Álvarez, la nota también refiere que ambos interpusieron un amparo previo a la fecha de sus comparecencias fechadas el 15 de enero del presente año.

Todo esto nos puede llevar a pensar que el cerco sobre Rosario Robles se está cerrando y que por fin podríamos ser testigos de una investigación seria, robusta, exhaustiva, en su contra, por las múltiples acusaciones de desvíos ocurridos en las secretarías a su cargo y que en consecuencia, pague por delitos cometidos, o puede ser que el chivo expiatorio se salte la cerca y solo caigan los que siempre caen, los funcionarios de nivel bajo y medio.

Millones de mexicanos, esperamos, que ocurra todo lo contrario y que Rosario se preocupe, y se preocupe mucho.

Enea Salgado

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