Tribuna LibreLa suerte está echada: esta muerte tan canija

Bobby García3 meses ago1349 min

Mi padre tenía la costumbre de cuando morían algunos por la calle Antonio F. Delgado, calle en la que vivía, decía: “me voy a La Paz porque la huesuda anda muy cabrona, para que brinque mi casa y no me encuentre”

Y sí, la muerte tiene la mala costumbre de arrojarse de bruces sobre Santa Rosalía y, en unos días mueren varias personas, y casi, casi, del mismo barrio o colonia.

En el mes de enero murieron como ocho personas; las más conocidas: mi sobrino Rafael Murúa, un hijo del Manotas, Víctor Hernández y mi antiguo vecino José Luis Amador Álvarez.

El Cheluis nació en el barrio de Ranchería y fue nuestro vecino de casa a casa. Lo miré jugando por su corredor y la calle, en aquel tiempo de tierra y piedras… y hoy también. Creció y siguió el camino de sus primos Carlos Casillas y Manuel, y su tío, el incomparable Valor Álvarez, que fueron muy buenos beisbolistas.

Es la vida la batalla de aquel guerrero sin voz
Que lucha contra la muerte con ropaje de ataúd

Jugó casi todas las posiciones, con una velocidad enorme en sus piernas.

Es, hasta hoy, el único sudcaliforniano seleccionado para formar el equipo de béisbol que nos representaría en el mundial de 1970 que se jugó en Italia. Recorrió parte de los “semilleros” del rey de los deportes y seleccionó a los que formarían el equipo para la gesta mundialista.

Su pasión por el béisbol, su terquedad de meterse en todos los escenarios, lo llevó a ser indispensable en las tareas del deporte: fue jugador, mánager, directivo, seleccionador, directivo municipal del deporte.

Obviamente cuando regresó del mundial le otorgaron un gran homenaje al igual que a los dos o tres jugadores de la población que lo acompañaron en la gran aventura.

A los días fue a mi casa y me dijo: “profe, le traigo un bonito regalo; lo vi en un aparador e inmediatamente pensé en usted.” Metió la mano en la bolsa de la camisa y sacó una moneda: “no es cualquier moneda, por eso se la compré; es un rublo, moneda oficial de Rusia, y no es cualquier rublo…es centenario del natalicio de Lenin”. Me la entregó y la observamos entre los dos.

Es una moneda impresionante en plata pura: en el anverso viene la efigie de Lenin de perfil, símbolo conocidísimo del marxismo-leninismo ruso. En la parte baja se lee: 1870-1970 . Lenin nació el 22 de abril de 1870 y murió el 21 de enero de 1924. Vivió apenas 54 años.

En el reverso tiene: en la parte superior y al centro dos que parecen ramos semicirculares rematados en espigas coronados por una estrella. Dentro de ese centro de ramos el símbolo de la hoz y el martillo. En la parte inferior de los ramos semicirculares, las letras en mayúscula: CC y CP. Más abajo una leyenda en ruso, así como en la circunferencia de la moneda.

En el mero centro y abajo, otra estrella que limita el texto de la circunferencia. Mi correo: raudel tartaro@hotmail.com

PASEMOS EL RUBICÓN: Hace unos años el Rincón Beisbolero le rindió un homenaje y me invitaron por pertenecer a esa asociación civil. Leí el correo varias veces. El compañero Nacho Arce, presidente del organismo me envió un email, que leí varias veces.

A los dos días de darle vuelta a la invitación, miré a mi esposa que estaba sentada cerca y le dije: ¿“Que tal si vamos al homenaje a José Luis, qué te parece?” Me parece muy bien, me contestó rápidamente. Nos alistamos y partimos en la camioneta. Llegamos un día antes.

El homenaje se realizó en la Casa de la Cultura; en el orden ya establecido tomé la palabra. En momento determinado saqué el rublo de la bolsa, lo reseñé y me encaminé donde estaba Cheluis; se lo coloqué en la mano porque ya tenía problemas de la vista. Se contentó mucho por esa remembranza de 1970. Hacía más de 40 años que me lo trajo de Italia. Nos abrazamos y se le adrenalinaron los caminos de las palabras.

Luego trabajamos en la administración de Rojas Aguilar y por dos ocasiones me llevó trabajos en repujado en bronce. También me regaló un cuadro con el perímetro cubierto con trocitos de piedra volcánica del geoglifo que logramos en la montaña frente al requesón.

Un día de tantos que platicamos me dijo: “unos cuantos kilómetros –como trece- antes de llegar a Loreto en el cerro de la izquierda están las figuras en piedra de dos caguamas; están igualitas a esos quelonios.

Por dos veces las busqué hasta que por fin las encontré. Le tomé algunas fotos, las amplifiqué y se las llevé a su casa.

José Luis Amador Álvarez fue un hombre que toda la vida se tropezó con la amistad. A cada paso se tropezó con ella.

Por fin se tropezó con la amistad de Dios y tomados de la mano llegaron al reino de los cielos.

Un abrazo solidario para Amalia, su esposa e hijos.

Un abrazo solidario para las familias que perdieron sus seres queridos en el mes de enero.

Benditos sean los recuerdos. Alea Jacta Est. 06-02-19. Miembro de ESAC.

Bobby García

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