BabeliaLa suerte está echada: Doctor Adán Guillermo Velarde y Oaxaca (III)

Por su gran trayectoria como legislador y por sus logros académicos en Francia, es designado miembro activo del Colegio Indolatino de Cirujanos, integrado por eminencias de los países de habla hispana.
Bobby García3 meses ago9423 min

(Cuando iban a dejar Santa Rosalía la familia Velarde Ramírez estaba formada por el padre, la madre y tres hijas: Alicia, María Antonieta y Ada).

Ya ejerciendo como médico general y cirujano en el hospital de Santa Rosalía, se enteró de los nuevos conflictos laborales entre el grupo minero y la empresa: el 17 de abril de 1925 estalló la huelga general del gran sindicato rojo.

El doctor Adán Guillermo Velarde y Oaxaca, nutría con esas experiencias su espíritu libertario. Volcó la carretonada de propósitos por la justicia social, entregándose a su profesión con mayor dedicación sin escatimar horario ni días de descanso. Al observar las condiciones en que vivían los mineros y las familias de los Grupos, con mil sacrificios compró un caballo y lo equipó con el apoyo del sindicato y otras personas. Inició sus recorridos y su fama de médico abnegado, profesional, altruista y entregado, recorrió la población, los ranchos, los pueblos vecinos y los Grupos Mineros. Así se transportó a los centros mineros y rancherías. Pacientes que no pertenecían a la empresa, y que por lo general eran pobres, le pagaban con gallinas, puercos, dulce, ropita hecha con sus manos para las dos hijas. Entre las personas que iban al hospital, había una que concurría casi diario. El doctor se dio cuenta de su interés y lo invitó a trabajar con él; surgió una gran amistad. Así se enteró que era sastre y que le gustaba mucho el trabajo del doctor. Lo convenció para que se hiciera su ayudante anestesista y enfermero. El sastre, ahora enfermero se llamó Babel Ceseña. Respetó tanto al doctor Velarde, amó tanto su nuevo trabajo por el ejemplo que le dio el doctor, que sus tres hijas fueron parte del sistema hospitalario.

Un mes después de haberse levantado la huelga del gran sindicato rojo, solicitó una audiencia con el director general, ingeniero Raoul Plouin. Aprovechando la fuerte temporada de calor que ya estaba a la vuelta de la esquina:

– Ingeniero director. Me he atrevido a solicitar esta plática para exponerle algunos puntos de vista sobre la salud de los habitantes en lo general. Creo que deberíamos lanzar campañas contra el alcoholismo, contratar algunas actividades culturales, circos, cantantes, continuar las peleas de box, jornadas semanarias de limpieza en las casas y calles. En fin, ingeniero, un programa que cambie la fisonomía de Santa Rosalía y los Grupos.

– Sabe usted, doctor, que acabamos de finiquitar el grave problema de la huelga del sindicato. Hemos perdido millones de francos y tenemos que encontrar alternativas para aumentar la producción. Aun así, me reuniré con el director del hospital, con los ingenieros, a ver qué podemos hacer.

– Ingeniero una última petición: ya empieza el calor y he visto que los lugareños forman en los tanques de agua. El de Calle Ancha está protegido por una cerca de fierro y obviamente por una puerta. Los que forman, en su mayoría mujeres y niños, esperan pacientemente que abran la puerta y a paso muy lento, como si fueran condenados a muerte, caminan para llenar los tambos y baldes. Monsieur Granye montado en un caballo vigila y en el menor pretexto ofende a las pobres señoras y niños. Ojalá pudiera usted platicar con él para que los trate mejor y no parezca que es un guardia de los que con látigo castigan a los mineros.

Y así, día con día, el doctor fue garante de la medicina juramentada y su lucha por una vida menos sacrificada para los habitantes de la población y la de los Grupos.

En 1928 hubo dos grandes tormentas que arrasaron con lo que había en los arroyos y con algunos jacales y chiqueros que familias pobres tenían en las márgenes. Al doctor le preocupaba el que algún chubasco –así se les llamaba- azotara los Grupos y la población.

En 1931 azotó un fuerte huracán y las aguas del arroyo Providencia salieron de su cauce y brincaron “las cuchillas” que El Boleo había mandado construir para que el lecho fluvial no las rebasara. A la altura de la escuela Leona Vicario –después se llamó Benito Juárez- el agua salió precipitándose por “los lotes” (galerones de madera, con ocho viviendas cada uno), rompiendo las paredes y arrastrando a la desembocadura una familia y otras personas. Hubo varios ahogados y la furia del viento arrancó paredes y láminas de lotes.

En Santa Rosalía practicó el tenis y la natación. Fue gran aficionado a las peleas de box que se escenificaban en el cine Trianón; le impresionaban los fulminantes nokauts que Killo Meza propinaba al zurdo Fermín Quiñones (El Coyote) Fue gran admirador del destacado pugilista local Chalino Valdez, al grado de llevárselo a la capital del país para que se hiciera profesional. Chalino no aguantó la capital; realizó una sola pelea y sintiendo una gran nostalgia por el terruño, se regresó.

En compañía de su esposa concurría a los bailes que la empresa organizaba en la Sociedad Mutualista Progreso. Partían el baile vistiendo elegantemente. Tenía preferencia por el danzón que bailaba como si fuera un profesional.

Había una familia formada únicamente por la mamá y la hija. Les gustaba mucho ir a consulta con el doctor. La hija se llamaba Rosario y era muy gorda por lo que le decían Chayo la gorda. En una consulta Chayo le dijo al doctor: “doctor me duele mucho el fundillo, por lo que Velarde le contestó: no se dice así mi´ja, se dice: me duele el ano, le dijo con voz grave.

La gorda le reviró: no me importa si a usted le duele el ano, pero a mí me duele el fundillo, le dijo con voz muy fuerte,” por lo que los pacientes que esperaban sentados muy cerca de la pared de madera escucharon y soltaron la carcajada. En otra ocasión una señorita le preguntó si se podía bañar con catarro. Que el doctor guardó compostura, se acomodó la bata y con voz gruesa le dijo: “mira hija, no, con catarro no te puedes bañar, báñate con agua.”

Desde la fundación de Santa Rosalía como centro minero del distrito sur de Baja California, esta región fue la más importante del Territorio Sur hasta que la minería decayó por el bajo precio del mineral de cobre. Los movimientos obreros encabezados por el sindicato rojo que tenía sus filiales en todos los Grupos Mineros, la influencia de la lucha minera que fue conocida en todo el territorio, sirvieron para que la presencia del doctor y cirujano Adán Guillermo Velarde y Oaxaca lograra un gran peso en la opinión popular. Su popularidad, y lo que representaba que Santa Rosalía fuera más importante que La Paz, permitieron que el doctor lanzara su candidatura a la diputación del distrito sur de Baja California, candidatura que logró el apoyo de los mineros y el pueblo, así como las regiones circundantes. El gobernador del territorio era el general Juan Domínguez Cota y no apoyaba la candidatura del doctor por lo que su candidato era el doctor Raúl Antonio Carrillo Salgado. La fuerza popular de Adán Velarde, más el apoyo de los mineros de Santa Rosalía pertenecientes al Gran Sindicato Rojo, obligaron al gobernador a aceptar la candidatura de Velarde que eliminó la candidatura del doctor Carrillo. Por coincidencias que muchas veces parecen que se diseñan para que el “destino” las repita, 56 años después -1993- el doctor Raúl Carrillo Silva, nieto del doctor Raúl Antonio Carrillo, se enfrentó en la contienda electoral contra el ciudadano Adán Ruffo Velarde, nieto del doctor Adán Velarde y Oaxaca. Se repitió la historia y Adán Ruffo derrotó en la elección al nieto del doctor Carrillo.

Al no prosperar la imposición que el gobernador quería hacer para que el diputado fuera el doctor Raúl Antonio Carrillo Salgado, el doctor Adán Guillermo Velarde y Oaxaca formó parte de la XXXVII Legislatura del Congreso de la Unión, tomando posesión el Primero de Septiembre, de 1937, hasta el 31 de agosto de 1940.

De acuerdo con el reglamento interno de la Cámara de Diputados en la fracción III del artículo 72, los diputados de los tres territorios federales, formarían parte de la Gran Comisión de la Cámara. Por el Territorio Norte de la (sic) Baja California el diputado fue: Hipólito Rentería; por el Territorio Sur de la (sic) Baja California el diputado fue: Adán Velarde y Oaxaca; por el Territorio de Quintana Roo lo fue Diódoro Trejo.

El doctor Adán Guillermo Velarde y Oaxaca se distinguió como diputado impulsando proyectos, leyes y decretos y por sus participaciones en los debates de la Cámara.

Dos de las más importantes iniciativas del doctor Velarde presentadas en la Cámara de Diputados, fueron: la ampliación de la zona libre para el Territorio de Baja California Sur, y la restitución de los municipios libres. Estas iniciativas fueron aprobadas expidiéndose los DECRETOS respectivos publicados en el Diario Oficial de la Federación. Son dos decretos históricos en la vida política de nuestra entidad.

El 30 de junio de 1939 se publica en el Diario Oficial el DECRETO: “por el cual se establecen zonas libres en el Estado de Sonora y Territorios de la Baja California.” Luego se lee: “LÁZARO CÁRDENAS, Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes, Sabed: DECRETO: El Congreso de los Estados Unidos Mexicanos, decreta: ARTÍCULO PRIMERO- Se establece una Zona Libre que comprenderá los Territorios Norte y Sur de la Baja California.

En los mismos términos y en el Diario Oficial se publica el decreto por el que se reinstala la vida municipal suprimida en 1927.

En estos dos acontecimientos históricos de la vida económica y política de la entidad, el doctor –y diputado en aquella época- Adán Guillermo Velarde y Oaxaca, fue pieza fundamental para que se hicieran realidad. Varios artículos publicados en la prensa nacional y en el Eco de California, de esta entidad, reseñan la vigorosa participación del doctor.

Al concluir el mandato popular en 1940, se reintegra a su trabajo como médico en la capital del país, contando con el apoyo de su padrino político, el doctor Gustavo Baz. En esa época conoció al tenor y ortopedista Alfonso Ortiz Tirado, cultivando una fuerte amistad. El tenor lo invitó a trabajar en su hospital que fundó. Había un gran patio y en el centro Ortiz Tirado manó construir una hermosa fuente en la que colocó una placa: “Con mi voz levanté este hospital para acallar el dolor humano.” La vida del tenor fue pródiga y corta: en 1960 a la edad de 67 años falleció por desequilibrios mentales. El doctor Velarde lo visitó en su lecho de muerte y el gran cantante lo reconoció.

Su entrega a la medicina, su personalidad de hombre culto que dominaba el inglés y el francés, además de su don de gente, le abrió muchas puertas y amistades. Como era muy aficionado a los toros, conoció y trabó una gran amistad con Lorenzo Garza, que trabajaba como cobrador en una mueblería, y al igual que el doctor era gran aficionado al grado de querer ser torero. En una corrida se lanzó al ruedo de espontáneo, gustando tanto su faena que lo llevó a ser uno de los grandes toreros mexicanos. Comentaba el doctor que Agustín Lara le compuso un pasodoble, pero que Lorenzo no quiso que le pusiera su nombre y Lara le puso “Novillero”: “Un domingo en la tarde se tiró al ruedo, para calmar sus ansias de novillero…”

Por su gran trayectoria como legislador y por sus logros académicos en Francia, es designado miembro activo del Colegio Indolatino de Cirujanos, integrado por eminencias de los países de habla hispana.

Una y más veces, con su voz grave, pausada y modulada, pero firme y con gran vehemencia, ocupó la tribuna para presentar la iniciativa de la jornada de seis horas para el trabajo en las minas. Las discusiones y argumentos llegaron hasta el momento en que la Cámara emitió su voto para aprobar o no la iniciativa. La negativa era inminente y el doctor subió a la tribuna y con palabras más, palabras menos, argumentó sobre la brutal jornada de castigo que desde tiempos de la colonia mantiene en una existencia miserable a los trabajadores de la industria. En nombre de millares de víctimas y de millares de hombres convertidos en mendigantes por el trabajo dentro de las minas, en nombre de la justicia debemos aprobar la ley. Siguieron las intervenciones y un ponente señaló que no se actuaba en forma egoísta, sino que el gobierno no podía implementar la jornada de seis horas. Al final la votación fue en contra. Hasta hoy los mineros siguen trabajando ocho horas en condiciones desfavorables en la mayoría de los estados donde existe el trabajo minero.

El doctor Velarde argumentó que no se aprobó la iniciativa porque “hay crisis en la minería.”

En aquella época había crisis por el bajo precio que tenía el metal “rojo.”

Mi correo: raudel_tartaro@hotmail.com

Alea Jacta Est. 25-02-19. Miembro de ESAC.

Bobby García

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